Sebastián Castella

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Castella, que mató un sobrero de regalo, perdió orejas por la espada en la corrida del aniversario de la plaza de México

cronicasPlaza México. 5 de febrero. Lleno en el numerado. 5 Toros de Barralva. 2 de La Joya, lidiados en 6º y 8º lugar. 1 de Fernando de la Mora. 7º.

  • SEBASTIÁN CASTELLA, ovación, silencio y ovación
  • El Payo, silencio, silencio y oreja
  • Arturo Saldívar, silencio y oreja

Sebastián Castella ha estado muy por encima de los toros que le tocaron lidiar en la tradicional Corrida del Aniversario de la Plaza México, en la que hubo un gran ambiente y una magnífica entrada, pues todo el numerado de la Monumental se llenó de aficionados en este festejo que tuvo horario nocturno.

En primer lugar Sebastián Castella sorteó un toro de Barralva al que cuajó de manera perfecta un gran quite por chicuelinas que llegaron mucho al tendido. Lamentablemente, ese animal le infirió una cornada a uno de sus banderilleros. Castella inició por alto su labor, con gran quietud, asentando las zapatillas en el tercio de la plaza. La faena cogió un gran ritmo cuando lo toreó en redondo con la mano derecha, consiguiendo muletazos de una gran profundidad. Quietud y temple fueron sus armas. Por el lado izquierdo el toro se quedaba más corto, incluso se le metía por dentro, de ahí que los naturales tuvieran menos continuidad que el toreo por el pitón derecho. Lamentablemente, un pinchazo y una media estocada le dejaron sin premio al diestro francés.

El cuarto, también del hierro de Barralva, se frenó mucho en los capotes y fue muy manso en el peto del caballo. A pesar de ello, y responsabilizado por su compromiso con la afición capitalina, Castella brindó al público. Comenzó su labor doblándose por abajo para someter al toro, pero el astado fue imposible. Castella lo intentó por los dos pitones, pero el animal nunca se entregó ni tomó la muleta con rectitud ni limpieza. Lo mató de media estocada, una entera y un descabello y fue silenciado.

Castella, ante el mal juego de ese toro, se decidió a regalar un sobrero de Fernando de la Mora, que tuvo poca clase pero se movió suficientemente para que Sebastián le pudiera cuajar una buena faena. Muy dispuesto y muy firme siempre, Castella le enganchó y tiró del toro hacia adelante en una labor que fue a más y que pudo haber tenido premio, pero pinchó. Al final saludó una fuerte ovación desde el tercio