Sebastián Castella

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CASTELLA, ÉPICO, A HOMBROS EN MADRID

Castella a hombros en Las Ventas 2018 © Javier Arroyo

Foto: © Javier Arroyo

Puerta Grande épica de Castella en su segunda tarde en San Isidro 2018. El torero galo puso la plaza en pie con una faena heroica que pasó del miedo de una dramática cogida a la emoción de la entrega y la verdad para sumar su quinta salida a hombros en Las Ventas.

Así lo vio la prensa:

Emotiva puerta grande a la hombría de Castella

El quinto arrolló a Sebastián Castella con toda la fuerza íntegra de salida. Un atropello brutal. Por el mismo pecho. Una voltereta fraccionada. En el aire los hachazos, las subidas y bajadas, la caída a plomo. En el ruedo quedó tendido, desmadejado, Castella. Un milagro que sólo en su pie izquierdo hubiese un corte. Una vuelta a la vida. Un renacimiento trágico. El aterrador percance frenó las protestas hacia el escaso perfil del toro. Que confirmaba la disparidad de hechuras de la corrida de Garcigrande. Le Coq, descalzo y vendado, se recompuso sobre su raza. Y de rodillas prologó la faena. Sobre la izquierda. Penitente y por naturales. Con dos cojones. En el toro habitaba una clase mayúscula. Y un estilo envidiable. SC renació de sus cenizas. Sobre la mano derecha los muletazos surgieron tersos, ligados, lentos. Las tandas se compactaban asentadas con la calidad de JuglarCuyo canto duró esas dos rondas. El empuje se vino a menos. A pulso el irreductible galo ya. Crecido en esos terrenos de fuego que son su hábitat. En las distancias cortas. Una espaldina sumó emotividad. La emotividad que corría como un reguero de pólvora. Incendiando Madrid desde el volteretón. Todavía. El volapié fue bárbaro. Perfecta la estocada. La pañolada cuajó por el héroe reconstruido. Una oreja. ¡Y otra! La Puerta Grande descerrajada por el cañonazo y la hombría. Sobre todo, eso. Celebrada la gloria, Sebastián Castella marchó por su propio pie a la enfermería.

Zabala de la Serna, El Mundo.

Castella a hombros en Las Ventas 2018 © Javier Arroyo

Castella se olvida del cuerpo y entrega la vida

El quinto toro de la tarde pasó a Sebastián Castella por encima, zarandeado, por aquí por allá. Arriba. Abajo. Sin previo aviso. A contramano. Bárbaro y trágico el momento. Aquel tsunami nos arrancó las emociones para dejarnos sin aliento y a pesar de los 24.000 se nos hizo el silencio. Descompuesto el torero. Encontrándose en su cuerpo maltrecho, sangraba del pie izquierdo, no sé si recompuso antes los músculos o el alma, pero vendaron fuerte aquello para que no sangraran y aguantar… Y la raza del torero hizo el resto. Emoción de la que no se vende a borbotones. De rodillas el comienzo de muleta, al natural ahí también, de contener la respiración. Exprimió las arrancadas del toro después que fue noble y con ritmo y cuando se vino abajo el animal hacía tiempo que el diestro francés se había crecido. Más allá de los detalles técnicos, fue una de esas faenas vividas con mucha intensidad por la épica del momento, la entrega y la verdad. Momento estelar llegó después. En esa suerte suprema que fue mayúscula. Derecho, encunado entre los pitones. Forzado a matar o morir. Resolvió la espada en el hoyo de las agujas. Emocionante final para una faena que hace grande la tauromaquia. Hay días que los toreros se abandonan al sentimiento de torear, Castella fue capaz de olvidarse del cuerpo y entregar la vida al toreo. Cumplía su quinta Puerta Grande.

Patricia Navarro, La Razón.

Cosas que nos hicieron grandes

Que vayan a los toros. Que todos los parlamentarios, senadores, consejeros, alcaldes, concejales y demás que viven del contribuyente lo hagan. Más cómodo para ellos: que vean grabada en el Parlamento, en el Senado, en todos los hemiciclos, en las universidades y en las aulas de enseñanza la corrida de hoy. Para que comprueben que aún existen esas cosas que nos legitimaron como país, llamadas verdad, esfuerzo, vergüenza, responsabilidad. Esas cosas en desuso que nos hicieron grandes como país. Valores que el toreo mantiene aún vírgenes. Que vean la respuesta desnuda de rodillas con la izquierda, con el cuerpo machacado por una brutal cogida, de Castella. Comiéndose cualquier gesto de dolor, sintiendo vergüenza de exteriorizar una queja. Dando una lección máxima de despreciar hasta su propia vida en una estocada a matar o morir. Espoleado, no por el éxito o el dinero, sino por la vergüenza y la responsabilidad de ser torero, por estar a la altura de la hombría torera de Ponce ante el peligro del cuarto. Que la vean. A ver si se les pega algo y regresan a este país al lugar donde la verdad desnuda nos hizo grandes. Compromiso. Como el de Sebastián Castella, que tiró de cojones, con perdón, para arrear con vergüenza torera en un quinto, que se lo llevó por delante en los medios, recién salido de chiqueros. Brutal cogida. Lo prendió de manera horrible por la cadera y le lanzó varios derrotes con fiereza al pecho. En el suelo, desmadejado el hombre, ensañado el toro, le tiró otros tantos ‘navajazos’ hasta alcanzarlo en el pie izquierdo. Milagroso salir sólo con el ‘peaje’ de un corte profundo, amén de las contusiones y erosiones de tan dramática cogida. Pidio que le vendaran el pie herido y el gallo galo volvió a la cara del toro. La responsabilidad de una figura. Y regresó con todas las de la ley. Sin una queja, sin un gesto de dolor y ‘aliviándose’… Muleta a la izquierda en los medios y a torear de rodillas. Vergüenza torera para alimentar un comienzo titánico en el que expuso muchísimo para después torear muy firme en redondo la encastada embestida del ‘Garcigrande’, el mejor de una corrida difícil, complicada, alejada de la clase que le hizo acaparar premios el San Isidro pasado. Prologó la cuarta tanda con su clásico cambiado por la espalda para pegarle después un puñado más de derechazos en una faena vibrante, emotiva, en la que Madrid rugió con su toreo. A partir de ahí, el toro bajó un peldaño de su torrente de casta. Perdió ese ímpetu y le costó más repetir al volver sobre la zurda, fruto de la exigencia a la que Castella sometió al toreo para ‘poderle’. Esfuerzo tremendo de Castella. Un tío. Muy a menos, ‘Juglar’, de buena familia en la divisa charra. Tampoco escatimó en la suerte suprema el de Beziers. Matar o morir. El corazón fue detrás de la espada para hundir el acero hasta la empuñadura. En la yema. Sin puntilla. El torero, prácticamente colgado de los pitones, logró salir de una pieza. Madrid, rendida a la épica -y a su toreo- se convirtió en marea blanca. El oleaje de pañuelos blancos no aflojó tras el primer trofeo y el presidente otorgó también el segundo. Quinta Puerta Grande para Castella en Madrid. Ismael del Prado, Mundotoro.

Castella a hombros en Las Ventas 2018 © Javier Arroyo

Emociones fuertes con Sebastián Castella, puerta grande en Madrid

Sebastián Castella cortó dos orejas al quinto toro de la tarde, ante el que cayó herido. Fue el más feo de los lidiados por Garcigrande. Un castaño alto de agujas, sin cuello. No se había centrado el toro de salida y Castella se puso a torear directamente. En un lance por el pitón izquierdo el toro se venció cogiéndole de lleno por el costado. Lo arrolló de forma brutal y la paliza posterior fue escalofriante. Con un vendaje cubrieron una herida en el talón izquierdo. Ponce mientras se hizo cargo del toro que venía humillado pero dormido al mismo tiempo. Cuando volvió Castella a escena lo llevó cosido a los vuelos de su capote andando hacia atrás hasta ponerlo en suerte por segunda vez con una larga pasándose los pitones por las espinillas. El arranque de faena puso la plaza boca abajo: de rodillas entre las rayas tras brindar la obra. En los embroques el toro se lo pensaba, reponía, humillaba con codicia. Castella continuó de rodillas sin inmutarse. Madrid agradeció con entrega la propia del francés. La faena fue un pulso. El toro venía humillado pero cada embestida era distinta. El temple fue la base de todo: para limar las asperezas, para dominar las embestidas, para convencer al toro de que tenía que embestir. La humillación fue la mayor virtud. Después el toro se paró y Castella decidió meterse entre los pitones como es habitual en su tauromaquia. La estocada fue a carta cabal, los pitones rebañaron el chaleco en el embroque. La espada quedó arriba. Gonzalo I. Bienvenida, Aplausos.

Reseña

Madrid, miércoles 30 de mayo de 2018. Lleno de «No hay billetes».

Toros de Garcigrande, Domingo Hernández (3º) y Valdefresno (2º bis).

Enrique Ponce, ovación con saludos en ambos.

Sebastián Castella, silencio tras dos avisos y dos orejas.

Jesús Enrique Colombo, que confirmaba alternativa, silencio en ambos.

PARTE FACULTATIVO DE CASTELLA.- «Herida por asta de toro en cara lateral de la parte posterior del pie izquierdo. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico reservado y pendiente de estudio radiológico. Fdo: Dr. García Leirado».

Galería fotográfica (J. Arroyo)

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